Hoy el día se ha levantado triste. Acabamos de dar sepultura a Ernest Soler padre, el fundador de ImmoBan. Una maldita enfermedad se ha llevado por delante a alguien que ha sido muy importante en mi vida. Allá por el año 2003, por razones que ahora no vienen al caso, Ernest confió en mí y me ofreció trabajo en su inmobiliaria de Calafell. Tuve varias ofertas pero me decidí por la suya porque mi intuición me dijo que este hombre tenía algo que me faltaba; visión y capacidad para emprender. No me equivoqué. En poco tiempo conseguimos respetarnos profesionalmente y apreciarnos en lo personal, hasta llegar a ser grandes amigos. Lo hemos pasado muy bien estos años, en el trabajo y fuera de él.
Una anécdota siempre ha guiado nuestra relacion. En la entrevista que me hizo antes de contratarme me preguntó, "¿sabes informática?" y yo, decidido, le contesté, "para vender pisos no hace falta saber informática". Esta breve conversación me la recordaba cada vez que me veía utilizar con habilidad el correo electrónico, las redes sociales y hasta un blog y nos servía para echar unas risas. Gracias a Ernest aprendí la importancia de hacer cosas nuevas y diferentes, de cambiar y de avanzar constantemente, de ser generoso y de compartir las cosas que tienes y las cosas que sabes y de andar por la vida con discreción y humildad.
Hoy he leído en El País, "aprendemos a través de la experiencia, imitamos gestos, reacciones y asimilamos valores de nuestros padres, amigos y figuras con las que nos sentíamos identificados y todos ellos han ido conformando nuestro carácter". En algunas situaciones, paro un momento y pienso, cómo reaccionaría Ernest. Sin duda ha sido uno de mis maestros. No inmobiliario, sino de la vida.
Se ha ido un amigo. Me siento triste. Tomaré un gin tonic, como tantos que tomamos juntos, mientras escucho a su querido Serrat.




























Experiencias actuales aparte, lo que más me gusta de la formación es el viaje en si, desconectar por unas horas del día a día, "desaprender" algunas cosas y, sobre todo, relacionarme con (a)gentes apasionados, implicados y avanzados. Pronto nos vemos, ¡INMOADICTOS!





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